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TEMA 1: DEL MITO AL LOGO. PRESOCRÁTICOS

1. Introducción histórica: la antigua Grecia.

1.2. El sustrato cultural propiciador de la filosofía.

2. Del mito al logos.

2.1. El mito.

2.2. El paso del mito al logos.

2.3. El concepto de Physis.

  1. Los filósofos presocráticos.

3.1. La escuela jonia y Heráclito.

3.2. Las escuelas itálicas:  pitagóricos y Parménides.

3.3. Pensadores postparmenídeos.

 

  1. INTRODUCCIÓN HISTORICA

Grecia entra en la historia tras la disolución de los estados micénicos (los estados prehelénicos que fomentaron la guerra de Troya, siglo XII, y recogida en la Iliada de Homero) y las invasiones dorias (XI-X). Tras esto, Grecia entra en lo que se conoce como “siglos oscuros”. En ese caos, pequeñas ciudades van apareciendo a lo largo de Grecia continental, Esparta, Atenas, Corinto… Al principio la estructura económica es de base agraria, la aristocracia detenta el poder y las polis viven cerradas en sí mismas. Sin embargo, a lo largo del siglo VII se produce una explosión demográfica que incita a un impulso migratorio, iniciándose la helenización del mediterráneo, especialmente en Asia menor (actual Turquía) y Magna Grecia (sur de Italia). Es en esta época, siglo VI, cuando aparecen los primeros filósofos de la historia.

Esta expansión tiene consecuencias importantes. En primer lugar, el comercio va a pasar a ser la principal fuente de riqueza de estas ciudades-estado. Un nuevo grupo social aspirará a hacerse con el poder, y luchar por un nuevo sistema político, la democracia. Atenas, a lo largo del siglo V. a.C. acabará convirtiéndose en la ciudad más importante de Grecia y la que encabezará la lucha contra el Imperio Persa, que amenazaba la supervivencia de toda la Hélade. Con Pericles, lider del partido democrático, esta ciudad goza de un florecimiento cultural, inaudito, reflejado en todos sus ámbitos, las artes, la literatura, y por supuesto, la filosofía: es la época de la sofística.

Sin embargo, esta sociedad no es perfecta. En primer lugar, Atenas es una democracia en la que sólo una tercera parte de su población es libre, mientras el resto son esclavos. Y además Atenas mantiene una política imperialista sobre el resto de la Hélade (en cierta medida, la historia de los Estados Unidos o Europa tiene paralelismo con Atenas: democracia de puertas para dentro e imperio hacia fuera). Esto llevará a la desesperación de otras ciudades, especialmente Esparta, que conducirá a la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.). En ella, Atenas acaba derrotada, su democracia quebrantada y su imperio comercial, desmantelado. Es en el final de esta época cuando Sócrates es condenado, y Platón y Aristóteles harán su aparición.

A la fase de anarquía del siglo IV le sucede la irrupción de una potencia nueva, Macedonia. A pesar de su cercanía geográfica, los macedonios no tenían el calificativo de griegos (se les consideraba bárbaros, extranjeros), pero rápidamente hacen suya la cultura helénica y contribuyen, con el imperio de Alejandro Magno, a su  expansión por todo Oriente. Nuevos centros del saber aparecerán en la época, especialmente Pérgamo (Turquía) y Alejandría (Egipto). Entramos sin embargo en una nueva fase de la filosofía. Cuando las ciudades-estado pierden su independencia, y el ciudadano con derechos políticos en su ciudad pasa a convertirse súbdito de un soberano, la reflexión política (el buen estado)  pasará al ámbito de la ética (el ámbito privado del individuo), y aquí las corrientes como el epicureísmo o el estoicismo harán su aparición. Grecia inicia su decadencia en detrimento de sus continuadoras culturales, Macedonia y Roma. Sin embargo, la aparición del Cristianismo en esta última marcará el inicio de nuevas coordenadas históricas que tendrán influencia directa sobre el mundo de las ideas y producirán una nueva fase en la historia del pensamiento, diferente ya al paradigma griego.

  1. DEL MITO AL LOGOS.

2.1. El mito.

Los mitos son el conjunto de narraciones y doctrinas tradicionales  recogidos por los poetas (Homero y Hesíodo) de finales del siglo VIII. El mito ofrece una explicación total del mundo, desde el origen del hombre hasta su organización social, pasando por la explicación de tradiciones ancestrales, los distintos fenómenos de la naturaleza, etc…

Para explicar por ejemplo el ciclo climático anual, que es también el ciclo de los agricultores, los poetas griegos hacen referencia al mito de Démeter y Perséfone. Perséfone es hija de Démeter y su belleza cautiva a muchos dioses que se ponen loquitos cada vez la ven. Uno de ellos, Hades, le declara su amor, pero como es rechazado, el pobre entra en cólera y la rapta, llevándola a sus moradas subterráneas. Démeter se pone triste, y como diosa de la naturaleza, todo se muere por su luto. Al final se llega a un acuerdo con Hades y se decide que Perséfone debe pasar seis meses bajo tierra con Hades (invierno) y seis meses en el exterior con su madre (verano). Con este mito queda explicado así el ciclo anual agrícola.

Evaluando dicho mito nos encontramos cómo un fenómeno natural (invierno y verano) se explica por la intervención de unos personajes, que de forma completamente arbitraria y sin atender a ningún plan racional, desemboca en una explicación de la naturaleza (la diversa posición del eje terráqueo que provoca el ciclo climático anual en las regiones templadas del globo, situadas entre los trópicos y los polos). Como decimos estas fuerzas divinas actúan de forma completamente ilógica e irracional. Los dioses están sometidos a pasiones (el rapto de Perséfone es debido a la pasión de Hades) que no obedecen a ningún plan ordenado o preciso.

Por tanto el orden del universo depende de su buena o mala voluntad. Sin embargo, es preciso apuntar, como peculiaridad griega, que los propios Dioses están sometidos a la fuerza del destino. Se atisba aquí lo que va a ser el concepto de necesidad tan importante para los desarrollos posteriores.

2.2. El paso del mito al logos.

En el planteamiento filosófico, la arbitrariedad de la voluntad divina (el que pase o no pase una cosa porque a unos dioses les salga de las narices) será sustituida por la necesidad (necesidad-obligación frente a azar-arbitrariedad). La necesidad supone la universalidad en una explicación que demos para la naturaleza (en cualquiera de las formas y circunstancias, esa ley ha de cumplirse, y por supuesto más allá de una intromisión divina).

Planteémonos las consecuencias de esto. El hecho de que exijamos necesidad en nuestras explicaciones racionales implica que aquellos elementos que estén relacionados con ellas, mantendrán también cierta constancia o permanencia. (F.i: el agua cumple unas normas de ebullición o evaporización. Si no se cumplen sencillamente no podemos establecer una ley en torno a ella)

¿Cómo conseguir ese conocimiento universal? Para los griegos hay que dar los siguientes pasos.

  1. Someter los sentidos a cierta crítica.

El conocimiento primigenio viene dado por sentidos (vista, oído, gusto…). Pero lo que percibimos por los sentidos no siempre es fiable (recordemos la pajita en el agua) y además está sometido al cambio, algo que trae de cabeza a los griegos.

  1. El descubrimiento de las esencias.

Afortunadamente, el conocimiento del hombre no acaba con los sentidos. El hombre puede usar las facultades de la razón, a través de la abstracción (Aristóteles). Gracias a esa abstracción, nos permite aislar el conjunto de características definitorias de una cosa (mesa, agua, hombre etc…). Esto es lo que los griegos denominaban como esencia (eidos).

Pensemos en “hombre”, a pesar de las distintas razas, el color de los ojos etc… siempre podrá caracterizarse como “animal bípedo implume racional” como sus principales características que “permanecen”. O “mesa” como “apoyo de cuatro patas”, dando igual su color, tamaño… que constituyen los accidentes (las cosas no necesarias) respecto a esa esencia.

  1. La búsqueda de un principio primigenio: el arjé.

El siguiente paso de este planteamiento consistirá en la búsqueda de un principio primero, causa de todas las cosas. Esto es debido a que podemos ir clasificando esencias determinadas en un grupo integrante mayor. Por ejemplo: planteamos lo que podía tener de parecido un peluche, un reloj, una tiza, Montserrat y Marta. Haríamos una clasificación primera por esencias sencilla: objetos inanimados y seres vivos. Montserrat y Marta a pesar de sus diferencias individuales tendrían cosas en común: se incluiría en los mamíferos racionales. A su vez, los mamíferos en los animales, los animales en seres vivos, y por fin los seres vivos en materia, unos elementos químicos que nos asimilaría con el peluche o el resto de los objetos.

¿Cuál es la consecuencia de esto? Esto conduce a una reducción última de la esencia de la realidad a un único elemento o un número reducido de ellos. Esto es llamado arché (o arjé). Los presocráticos van a buscar y dar distintas soluciones al problema: cada uno de ellos propondrá un elemento (tierra, aire, fuego, o agua), y dando una explicación racional para el principio elegido.

 

2.3. LA PHYSIS o naturaleza.

Esto resultaría ser la elaboración abstracta de la explicación filosófica. Sin embargo, los griegos partían de unas ideas determinadas sobre qué era la naturaleza y que influirían mucho en esa búsqueda racional del arjé.

El término de naturaleza o physis tiene dos definiciones fundamentales:

  1. Naturaleza como conjunto de seres que habitan el universo (a excepción de las cosas producidas por el hombre, artificiales). Ejemplo: la naturaleza como universo.
  2. Naturaleza entendida como esencia –repetimos, lo que una cosa es, su principio definidor-. Referida a clasificaciones menos amplias: la naturaleza humana, la naturaleza de los peces etc…

Para entendernos, existiría una naturaleza como totalidad (universo) y dentro de ella la naturaleza de esencias menos amplias (seres vivos, mamíferos, hombre…).

Sin embargo hay características similares en torno a esas dos definiciones.

  • En primer lugar, el concepto de necesidad que antes hemos hablado se traduce que para el descubrimiento de ciertas leyes que rigen la naturaleza debemos encontrar cierto orden. El universo se concibe como cosmos –orden- y no como algo caótico. Y si el orden está presente en la naturaleza como universo necesariamente debe relacionarse con las naturalezas de segundo orden (todo debe estar en su lugar correspondiente para guardar la armonía del conjunto).
  • La naturaleza es algo dinámico, está en continuo movimiento y cambio. Pensemos en la observación sensible: vemos las estrellas moverse, el ciclo vital de los seres vivos, etc…

Sin embargo este movimiento está vinculado a los seres naturales: el mundo artificial creado por el hombre no tiene ese principio innato de movimiento. Esta es la causa también por la que la naturaleza en conjunto tiene un importante carácter de ser orgánico, vivo. (planteémonos en relación con la biología contemporánea, la idea de la biosfera terrestre como un organismo con sus ciclos y sus reacciones).

Hay que remarcar una última distinción en torno a la relación entre naturaleza como universo y su esencia. Hemos definido la esencia como lo que permanece o los atributos fijos de una cosa respecto a los accidentes o lo que cambia en ello. Sin embargo en el concepto de naturaleza, en cuanto que tiene un dinamismo interno, su esencia recogerá también una serie de cambios, movimientos.

(for instance, Heráclito: su visión dinámica de la realidad en la que todo fluye, y sin embargo, obedece a un ciclo eterno y constante de destrucción-creación. La esencia de la naturaleza recoge también unas leyes de movimiento).

 

 3.2.  LOS FILOSOFOS PRESOCRÁTICOS: ESCUELA JONIA.

Esta escuela se desarrolla en el Asia Menor (actual Turquía) y tiene como principales representantes Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Jenófanes y Heráclito. Todos ellos estaban preocupados por encontrar un único arjé o principio explicativo de la naturaleza, y cada cual encontró argumentos racionales para justificar cosas tan distintas como el agua, el aire o la tierra. Anaximandro denominó a su arjé “apeiron”, que quiere decir no-limitado. Por otra parte, Jenófanes inició la primera crítica religiosa en la historia griega al considerar a los dioses como meras proyecciones de los hombres y dejó esta perla: “Si los caballos pudieran pensar, harían los dioses en forma de caballos”.

HERÁCLITO (500 a.C.)

Natural de Éfeso, en Asia Menor. No quiso participar en ninguna forma de vida pública. Estuvo en muchas ocasiones en malas relaciones con sus conciudadanos, y si prestamos atención a sus chismes, era un bicho de mucho cuidado, huraño hasta la muerte. Escribió un libro titulado Sobre la naturaleza y, a partir de ese escrito pasó a ser calificado como “el oscuro”, por la peculiar redacción, a base de aforismos y sentencias cortas y complicadas que hacían difícil la comprensión del texto (parece ser que no quería que el vulgo leyese su libro. Sólo la gente culta, los filósofos). Resumiendo: a pesar de ser considerado un freaky por sus ciudadanos, era también un genio cuya teoría filosófica tendría grandes consecuencias.

  1. La obsesión por el cambio: todo fluye.

Los milesios habían advertido el dinamismo universal de las cosas. Los seres vivos nacen, crecen y mueren, pero también el mundo mantiene un dinamismo en general. De esta observación parte Heráclito. Pero lo destacado es que él llevó este aspecto de la realidad al núcleo  temático de su filosofía. Platón le atribuye la frase “panta rhei”, “todo fluye”: nada permanece inmóvil. Para Heráclito, el río aparentemente es el mismo, pero, en realidad, esta constituido por aguas distintas y nuevas que llegan y se van.

Bajamos y no bajamos al mismo río; nosotros somos y no somos“: quiere decir que cuando bajamos por segunda vez al río, esta agua no es la de antes, sino otra diferente y que nosotros  estamos cambiando también. Lo que somos ahora no lo vamos a ser en el instante siguiente.

Toda realidad es un continuo cambio, un incesante devenir. Nada permanece idéntico a sí mismo, sino que se transforma. Heráclito cree en la realidad de las cosas particulares, pero no como unas entidades o sustancias fijas y estables, sino en continuo hacerse y deshacerse con sujeción a ciclos de evolución.

  1. La explicación del cambio: la dialéctica.

Los sentidos nos indican que todo está en continuo cambio. Sin embargo, la capacidad racional humana nos puede dar alguna clave, que permita entender la unidad que subyace detrás del cambio. Para explicar este cambio continuo de todo lo que nos rodea, Heráclito buscaba algo intrínseco a él que fuera permanente, cierta esencia que pudiera explicar ese mismo cambio. Heráclito siguió el siguiente razonamiento:

Todas las cosas, aparentemente tan distintas y cambiantes, están sin embargo relacionadas entre sí por sus opuestos. Así, la luz solo puede entenderse con la oscuridad, o el día con la noche, el frío con el calor. Si uno no existiese, tampoco lo haría el otro. Estas parejas se relacionan entre sí de forma dialéctica, es decir en forma de conflicto o lucha (como el corto de Pixar de Noche y Día). Esa dialéctica explicaría por qué las cosas están en continuo cambio o transformación. Nunca están quietas o estáticas, y un movimiento en una dirección conllevará posteriormente otro movimiento en dirección opuesta. Esta es la forma más básica para explicar el cambio, según Heráclito, pero habría que buscar una fuerza más amplia e  integradora de este proceso.

Para comprender el conjunto de la realidad, Heráclito agruparía todas las cosas en dos grandes opuestos, que impicasen a todos los demás. Pensemos por ejemplo que luz y oscuridad implicasen a su vez noche y día, muerte y vida, calor y frío etc… La realidad se reduciría a ese par de cosas que explicarían el resto. Para esto Heráclito utiliza la metáfora de la discordia: según él, dos fuerzas cósmicas y antagónicas rigen la génesis y la destrucción de todas las cosas. Una fuerza disgregadora que llama discordia es la causa y el origen de la pluralidad de las cosas y otra fuerza, la concordia, reduce todas las cosas a la unidad. Si alguna de estas dos fuerzas cesara, se rompería el equilibrio total del cosmos. El devenir para Heráclito se caracteriza por un continuo pasar desde un contrario al otro por medio de una lucha entre opuestos.

  1. La unidad en la oposición: el logos. El fuego como arjé.

Como decimos, las cosas solo adquieren su propia identidad en el devenir o hacerse, en él ir constituyéndose; fuera de ese devenir, no son nada, pero esta lucha es, al mismo tiempo, una armonía, una paz. La lucha o la oposición siempre genera la unidad o la armonía.

Detrás del continuo movimiento de las cosas que nos reflejan los sentidos hay una armonía, una unidad subsistente. Ahora bien, ¿cómo debe ser comprendida esa armonía?

No se trata de una síntesis, de la conciliación o de la anulación de la oposición, pues en el momento en que los opuestos se concilien dejara de existir el movimiento y con ello la misma realidad de las cosas. El acontecer mismo de las cosas, sus cambios, sus transformaciones no son caóticas, azarosas, sino que están regidas por una ley, por un “logos” universal. Este logos se entiende como una ley del devenir por oposición.

Esta es la verdad común a todos los hombres y que les pasa desapercibida. El  hombre debería conocer la disposición de las cosas, el  modo como actúa el universo, entender el logos y vivir en torno a él.  Este logos universal no nos es dado a conocer a través de los sentidos, sino a través de un esfuerzo racional. Para ello, Heráclito establece dos formas diferentes de conocimiento:

  1. a) El conocimiento sensitivo, que es la fuente de la opinión y de superficialidad.
  2. b) El conocimiento racional, que nos lleva a descubrir la verdad.

Por último, la dialéctica influye en su propio arjé. Heráclito elegirá el fuego, por su poder destructor y renovador al mismo tiempo del universo. El universo se movería en primer lugar por dilatación (o expansión) y después por contracción, en una sucesión eterna y dialéctica que no está tan lejos de algunas de nuestras ideas contemporáneas sobre el mismo.

Pensemos por tanto, que detrás de ese continuo fluir y cambio existe siempre algo que subyace, que puede ser inteligible. Este planteamiento influirá de forma decisiva en todo el devenir filosófico posterior. Dentro de las influencias más destacables tendremos que citar a Hegel y Marx para su concepto de la dialéctica y Nietzsche para su mito del eterno retorno.

3.2. LAS ESCUELAS ITÁLICAS Y PARMÉNIDES.

LA ESCUELA PITAGÓRICA (siglo VI-V a.C)

En la Magna Grecia también apareció una teoría filosófica de gran importancia y de profundas consecuencias para otras disciplinas como las matemáticas: los pitagóricos. Este grupo, que la tradición daba como fundador a Pitágoras, formaba una secta religiosa o mística que perseguía intereses no solo filosóficos sino eminentemente políticos: sus componentes estaban vinculados a las aristocracias de las polis griegas establecidas en Italia y por tanto estaban muy cercanos a los círculos de poder de dichas ciudades. Podemos precisar en cuatro puntos sus aportaciones fundamentales: el odio hacia las habas, su visión de la naturaleza, el hombre y la política. Por motivos de sentido común nos centraremos en las tres últimas.

  1. La explicación de la realidad: los números.

Al igual que el resto de los presocráticos, los pitagóricos buscaban una explicación racional de la realidad. Sin embargo, los pitagóricos no siguieron las directrices habituales de buscar un arjé de carácter material, como el agua o el fuego. Para los pitagóricos, la naturaleza estaba construida a base de relaciones numéricas, proporcionales y armónicas. Los números fundantes de todo eran la unidad (número impar) y el número par. De sus posibles combinaciones emergía el resto de las cosas.

Esto, lejos de ser una perogrullada, se convertirá en una intuición tan sumamente importante que cuando la ciencia moderna comience su andadura en el siglo XVII, tendrá en la afirmación pitagórica su principal sustento: “la naturaleza está escrita en fórmulas matemáticas”, dirá Galileo. Los pitagóricos sin embargo, daban una explicación más mística y analógica sobre los números: daban cualidades fundamentales a cada número y especialmente el número 10, que era para los pitagóricos el número perfecto.

Una observación empírica que da relevancia a esta teoría es el estudio de la armonía en música. La longitud de las cuerdas de un arpa es fundamental para estudiar su sonido. Cuando más larga es la cuerda, más agudo será el sonido, y ambas variables guardan proporciones numéricas exactas entre sí.

  1. La concepción del hombre.

Es bastante famosa la consideración de los pitagóricos de la vida humana como una epsilon (la letra Y griega: consultar Los Cuentos del Tío Tiburcio),  pero más allá de esa advertencia de carácter ético, el hombre estaba entendido como una dualidad. El hombre está compuesto de alma (que es la parte noble del hombre) y un cuerpo que actúa de cárcel de ese alma y la somete a las pasiones. Esto es también una característica completamente nueva en Grecia, pues hasta entonces se tenía una visión completamente materialista de la realidad y los pitagóricos comienzan a diluir esa tendencia. Detrás de esta creencia se asoman los mitos órficos a los que estaban aficionados los seguidores de Pitágoras, basados en la creencia en una vida futura y los ritos mistéricos.

Esa vida futura estaba representada a través de la teoría de la reencarnación o la metempsicosis. El hombre, dependiendo de cómo se comporte en esta vida (si ha obrado con bondad y ha seguido la sabiduría de la filosofía) se reencarnará en unas cosas o en otras, desde un estegosaurio de peluche a un Fernando de la vida.

  1. La concepción de la política.

Si consideramos que en el ser humano existe una dualidad, los mejores individuos serán aquellos que ejercitan esa parte noble del hombre, reflejada fundamentalmente en el uso de la razón en la filosofía y las matemáticas. Estos individuos deben ser los rectores de las sociedades humanas y los líderes políticos por naturaleza, puesto que son más sabios que los demás. Fruto de esto, encontraremos una tendencia profundamente aristocrática y elitista entre esta secta.

Los miembros de los pitagóricos defendían además un sistema comunista en el reparto de bienes, pero solo para los integrantes del grupo, y no extensible a la sociedad en general. Todas estas ideas tendrán una influencia decisiva en La República de Platón.

Parménides.

Parménides nació en Elea (sur de Italia) en la segunda mitad del siglo VI a.C., y murió a mediados del siglo V a. C. Fue iniciado en la filosofía por el pitagórico Aminia. Escribió un poema titulado  Sobre la naturaleza, del que nos ha llegado el prólogo integro, casi toda la primera parte y algunos fragmentos de la segunda.

 

Con Parménides el tema destacado de la filosofía sigue siendo qué es el mundo, pero sin embargo su investigación filosófica le va a llevar a deslizarse desde la cosmología hasta la ontología y la metafísica. Esto quiere decir que va a conceder más importancia al pensamiento abstracto y la lógica que los anteriores pensadores y por lo tanto, va a ser mucho más riguroso que ellos. Así, ya nos encontramos desde el comienzo de su poema por el problema del buen conocimiento. Para ello, establece tres posibles vías de conocimiento:

– La vía de la verdad, o la vía del ser (la auténtica realidad)

– La vía de la opinión (la apariencia, el mundo de los sentidos)

– La vía del no-ser (la nada).

Pensemos que la única vía posible es la primera: al hablar sobre el ser estamos hablando sobre la realidad. Hablar sobre el no-ser, sin embargo, no es posible. No podemos hablar sobre la nada, porque entonces ya se convierte en algo y deja de ser nada. A esa vía solo le queda el silencio. Por otro lado, la vía de la opinión es según Parménides un conocimiento equivocado puesto que está basado en los sentidos y la apariencia, y como veremos, no respeta las leyes de la Vía de la Verdad.

Una vez hecho este prólogo, dividiremos en Parménides dos partes de esa vía de la verdad: a) los argumentos lógicos a los que debe someterse cualquier verdad y b) las conclusiones cosmológicas que son fruto (según él) de esos principios lógicos.

 

  1. Principios lógicos.
  2. a) El ser es y el no-ser no es: las cosas existen y la nada no existe.

Aparentemente podemos pensar que a Parménides le salió humo de las orejas con semejante perogrullada, pero veremos que no fue así. Detrás de esta frase se encierra el principio de no-contradicción. Una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. Por ejemplo, Elena Corvillo no puede existir y no existir al mismo tiempo: Elena no puede ser No-Elena al mismo tiempo. Incluso en sueños, ese principio lógico tiene que ser cumplido[1].

 

  1. b) Del no ser no puede surgir el ser.

Segunda verdad de Perogrullo: de la nada no puede surgir algo, porque la nada no es y las cosas son. Ser y no ser son dos realidades completamente separadas. Así, por ejemplo, es obligatorio concebir que el universo y las cosas que lo componen existen desde siempre o son eternas. En caso contrario, alguien habría creado el universo desde la nada (ex nihilo) y eso es lógicamente imposible.

 

  1. c) De un ser no puede surgir otro distinto.

Tercera verdad parmenídea. De un elemento con unas cualidades determinadas, no puede surgir otro completamente distinto, porque estaríamos suponiendo que pasamos del no-ser al ser y por tanto infringimos el principio de no contradicción. Lo que sostendría Heráclito, que las cosas se explican por sus contrarios, no cuela para el riguroso Parménides. El día y la noche es una sucesión temporal, pero “día” no puede ser “noche” al mismo tiempo y por tanto, son dos cosas radicalmente distintas. Esta aporía[2] entre Heráclito y Parménides solo será resuelta de forma satisfactoria por Aristóteles.

 

  1. d) De una unidad no puede surgir la pluralidad.

Todas las cosas no se pueden explicar desde un único principio, porque estaríamos negando el punto lógico anterior. El agua no puede formar a Mr. Sojo, por ejemplo, incluso aunque pensemos que el cuerpo de Mr. Sojo está formado en un 70% de agua, existen otros componentes en ese cuerpo que resultarían imposibles derivar del agua.

El agua, el fuego, el aire o la tierra no pueden explicar por sí solos el resto de las cosas, en cuanto que tienen esencias distintas y lógicamente irreconciliables.

 

 

 

  1. El paso a la cosmología.

Sabiendo estas maravillosas verdades, a Parménides no le queda otra que asegurar que sus antecesores han sido unos farsantes. Así, solo hay dos posibilidades para entender qué es el mundo  (este mundo que aparentemente es plural, sometido al cambio y al movimiento, en el que vemos que existen muchas cosas distintas):

 

  1. a) Asegurar que el mundo es plural desde el principio (es decir, que existen varias cosas desde siempre), y que no hay un solo arjé que explique todo, para evitar la incoherencia lógica del paso del no-ser al ser.
  2. b) Suponer que el mundo es una unidad y que todo lo que recoge nuestros sentidos (el cambio, la existencia de cosas distintas, la muerte etc…) son falsedades y apariencias que encubren al único y verdadero ser.

 

Contra todo pronóstico, Parménides, tal vez movido por las tradiciones anteriores, va a optar por la segunda opción como la verdadera. Fruto de esta desafortunada elección entramos en los disparates filosóficos de este autor sobre el ser o sobre lo que son las cosas, dándole una serie de características:

    1) El ser es no creado (ingénito), porque si hubiera sido engendrado procedería del “no-ser” y el “no-ser” no es.

2) Es eterno, imperecedero, porque si muriese iría a parar al “no-ser” y el “no-ser” no es.

3) El ser es siempre presente, libre de pasado y futuro pues implicaría un cambio.

4) El ser es indivisible. Es homogéneo tanto cualitativamente como cuantitativamente.

5) El ser es uno y continuo: una unidad (niega la pluralidad y el vacío, como los pitagóricos).

6) El ser es inmóvil. Algo estático, inmutable. Esto esta relacionado con que el ser es algo limitado, algo perfecto, que contiene en si todo y no carece de nada. Es pleno y colmado. Para decir esto, lo compara con una esfera, donde todas las fuerzas equidistan del centro.

7) El ser es esférico (por lo anteriormente dicho y también por influencia pitagórica).

 

  1. Conclusiones.

Parménides es el ejemplo de cómo una gran lumbrera lógica puede acabar afirmando auténticos disparates sobre la realidad circundante. Sin embargo, a pesar de que su propuesta fuera un auténtico absurdo, hay que dejar bien claro que la filosofía no volvió a ser la que era: los principios lógicos de los que partían eran completamente válidos y cualquier nueva explicación sobre el universo debía respetarlos. Con Parménides se establece el principio fundamental de la validez del conocimiento humano que va a dominar gran parte de la historia del pensamiento occidental, es decir, la verdad será la adecuación del pensamiento con la realidad. Nuestras formulaciones sobre la realidad tienen que respetar una lógica interna que van a veces más allá de los argumentos puramente empíricos o suposiciones arbitrarias (por ejemplo, que Dios crea el mundo de “la nada” o que el mundo es una “fluctuación de esa nada”, según los cuánticos). Parménides pasará a la filosofía como el fundador de la metafísica y el pensador que derivó la reflexión cosmológica hacia argumentaciones lógicas mucho más rigurosas, en el que las exigencias de la racionalidad eran recogidas y no se permitían contradicciones arbitrarias.

3.3 Filósofos postparmenídeos  y pluralistas

A partir de ese momento los nuevos sistemas cosmológicos partirán de esa pluralidad en el arjé precisamente para no negar algo proporcionado por el sentido común, como es la pluralidad y el movimiento.

 

* Empédocles (484-424 a.C): defendió la existencia de cuatro elementos primigenios (Agua, tierra, aire y fuego) de cuya combinación y posterior evolución se desarrollaría toda la pluralidad del mundo. De alguna manera, fue el primer teórico de la evolución moderna de la historia, pues defendía que toda la pluralidad se creaba por uniones y desuniones completamente azarosas de los elementos primigenios. De tanto pensar, un buen día se tiró al Etna y ahí quedó el pobre, abrasado.

* Anaxágoras (500 – 428 a.C.). Todas las cosas se forman por medio de la mezcla o combinación de distintos elementos que denomina “semillas” y que Aristóteles llamó “homeomerías“. Tienen las tales semillas cualidades distintas. La peculiaridad de Anaxágoras es que dice que en todas las cosas hay semillas de todos los tipos y afirma que una cosa es lo que es por el predominio de una semilla determinada. En un principio estas semillas estaban mezcladas entre si completamente y eran inmóviles. ¿Cómo se llegó, pues, al movimiento posterior? Postula Anaxágoras la existencia de un “nous”, de una inteligencia, capaz de poner en movimiento todas las semillas. El “nous” es infinito, autónomo, independiente de las semillas. Se trata de un ser que las gobierna a todas y, a pesar de que se le atribuyen cualidades de un ser divino es presentado en el pensamiento de Anaxágoras como un ser material.

* Atomistas (siglo V a.C.).  El sistema atomista se lo debemos a Leucipo y a Demócrito. Son los últimos presocráticos. El sistema atomista considera que los elementos de todas las cosas son los átomos o ser y el vacío o no-ser. Los átomos son compactos, llenos, homogéneos, indivisibles, infinitos, innumerables, pero cualitativamente idénticos. Sólo se diferencian entre si respecto a la forma y el orden de la posición, y el movimiento tiende a unificarlos entre sí, creando la pluralidad.

 

[1] No olvidemos los principios de la lógica para el proceso de duda que Descartes iniciará muchos siglos después en búsqueda del conocimiento verdadero: “Soñando, 2 y 2 son 4”.

[2] Falta de acuerdo o contradicción lógicamente imposible de superar.

Ángel Muñoz Álvarez
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