Blog

CONTEXTOS HISTÓRICOS – KANT, PLATÓN, MARX Y NIETZSCHE (HISTORIA DE LA FILOSOFÍA, 2º BACHILLERATO)

Introducción para la pregunta 1 B

(Os paso dos modelos para introducir la pregunta)

Las ideas de este filósofo no se formularon sobre la nada, sino que obedecen a un contexto histórico muy particular que permite entender perfectamente su obra, el mito de la caverna, la búsqueda de la verdad o el rechazo implícito de la democracia de este autor.

¿Por qué este autor rechaza la democracia, de la forma que aparece en el libro de la República? Para comprender esto, necesitamos entender las circunstancias sociopolíticas y culturales que rodean el pensamiento de este autor, y que nos lleva ala Grecia del siglo IV.

Platón

(contexto propiamente dicho)

Este filósofo desarrolló su obra filosófica en el marco histórico de la Polis Griega, en la época clásica de Grecia (s.V-IV a.C). Este marco recoge a nivel político el apogeo de una ciudad, Atenas, que se convierte en centro cultural y comercial de toda la Hélade hasta iniciar su decadencia en la Guerra del Peloponeso, cuando pierde la guerra ante Esparta. Es ya en ese periodo de decadencia económica y política en el que Platón va a desarrollar su obra.

Atenas supone la cumbre del desarrollo de las polis griegas, un producto histórico singular de la antiguedad que por sus características va también a explicar la aparición de la misma actividad filosófica. Durante el siglo V, las guerras contra Persia, la importacia del comercio marítimo, el cosmopolitismo y el desarrollo de una política imperialista sobre el resto de ciudades griegas condujo a la primera democracia en la historia. En ella, el poder político está vinculado con los todos hombres libres de la ciudad (no los esclavos, no hay que confundir, ni tampoco las mujeres). Pero este estado democrático es lejos de ser perfecto. Después de Pericles y la guerra del Peloponeso, esta democracia tiende a desarrollar guerras intestinas y luchas por el poder que es lo que precisamente hace que Platón rechace de forma dramática este régimen político. Un episodio determinante será el que tiene lugar tras el gobierno de los treinta tiranos, cuando un nuevo gobierno democrático condena a muerte a Socrates, acusado por impiedad hacia los dioses, pero con móviles políticos por detrás. Sócrates era considerado uno de los hombres más sabios de Grecia, y su muerte convence a Platón que la democracia ateniense enciende una enorme perversidad. Es por ello que opte por regímenes aristocráticos como el espartano o que él mismo busque una solución política acorde con sus ideas en la ciudad de Siracusa, la polis de la Magna Grecia (italia) más importante de la época, y cuyos soberanos Dionisio I y Dionisio II acogerán al filósofo para buscar sin éxito una solución política acorde con los planteamientos que el filósofo recoge en su obra de La República.

 

A pesar de estas contradicciones el ambiente relativamente tolerante y plural de Atenas tuvo una honda consecuencia sobre la misma forma de pensar de los griegos. La importancia del comercio marítimo hace que estas ciudades estén abiertas a influencias culturales de todo tipo –religiosas, artísticas, filosóficas- y provenientes de todas las civilizaciones importantes de la época. No resulta extraño comprobar que en la Atenas del siglo V y IV aparecen dramaturgos, historiadores, artistas, médicos, astrónomos y por supuesto filósofos.  El surgimiento de la filosofía como disciplina, aunque no corresponda a la época de Platón (la filosofía proviene de las ciudades jonias, actual Turquía, de un siglo antes), sin embargo va a tener a Atenas como máxima expresión debido precisamente a su atracción como foco político y cultural de primer orden. Así, el pensamiento de todos los presocráticos influyentes en Platón, como Tales, Parménides o Anaxágoras son bien conocidos en esa ciudad.

Es preciso destacar aquí, y ya centrándose más propiamente en el pensamiento contra el que va a reaccionar Platón, que el desarrollo en Atenas de la filosofía corresponde con la etapa antropológica del pensamiento griego. La convergencia de escuelas de pensamiento tan diferentes (y sin posibilidades de reconociliación o síntesis), hace que se abra un periodo de relativismo moral y gnoseológico, caracterizado por la sofística y que tiene su traducción política más visible en la misma idea de democracia y la preocupación por el hombre. Sin embargo, este relativismo sirvió a algunos sofistas para manipular la opinión pública y transformar la democracia en juegos de demagogia. Contra esta malinterpretación, se alzaron voces como Sócrates, maestro de Platón. Precisamente la muerte de su maestro confirmará a Platón no solo en sus tendencias aristocráticas, sino en su búsqueda de la verdad absoluta, que él plasma en el mundo de las ideas.

 

KANT (s. XVIII)

La obra de Kant en su conjunto se ubica en el contexto histórico y cultural de la Ilustración. Precisamente lo que implica este término y sus consecuencias constituirá la temática fundamental del texto que comentamos. La redacción de esta obra, en 1784, la sitúa históricamente en los años previos a la Revolución Francesa, proyecto político en el que convergen muchas ideas políticas de Kant. Nuestro autor se sitúa a caballo entre:

  1. la monarquía absoluta ilustrada y la aparición de los regímenes liberales.
  2. la sociedad de Antiguo Régimen marcada por el privilegio y el estamento y la sociedad abierta de clases donde todo individuo es igual ante la ley.
  3. La consolidación de una economía capitalista que en pocos años dará el salto de una economía de manufacturas a la Revolución Industrial.

 

(SOCIEDAD) En un ámbito social, la vieja sociedad estamental medieval se mantiene en casi toda Europa, con la división en estamentos cerrados y determinados por el nacimiento, y manteniendo la diferencia en privilegiados y no privilegiados. Es lo que se conoce en ese tiempo como el Antiguo Régimen. En este final del siglo XVIII se iniciará el tímido paso de una sociedad de estamentos a una sociedad de clases, marcada fundamentalmente por la ascensión imparable de la burguesía y las clases medias que reivindican el fin de los privilegios sociales y jurídicos.

(POLITICA y ESTADO) Las instituciones políticas no son impermeables a los cambios económicos y sociales que aparecen en la época. Este siglo está marcado todavía por las monarquías absolutas, pero es un absolutismo a la defensiva, enzarzado en políticas de transformación social y económica: es el denominado despotismo ilustrado. Los reyes tienen el poder absoluto, de origen divino, pero  tienen que legitimar su poder con un buen gobierno y una creciente preocupación por el bienestar de los súbditos. Este es el modelo vigente en Prusia con Federico II, al que Kant dedica el texto.

Este despotismo ilustrado a final del siglo será víctima de ataques que él mismo ha contribuido a potenciar con el desarrollo de una sociedad más moderna y compleja. La Revolución Gloriosa inglesa marcó el inicio del parlamentarismo y los regímenes liberales, y un siglo más tarde, la Revolución Francesa y Americana van a confirmar los elementos clásicos del liberalismo: soberanía de la nación, un régimen representativo parlamentario, igualdad ante la ley, declaración de derechos basados en la libertad individual y la separación de poderes.

 

(CULTURA) En parte el elemento dinamizador de todos estos cambios sociales va a ser el sustrato cultural del siglo XVIII, la Ilustración, con sus distintas tradiciones: empirista y liberal en Inglaterra con Locke, enciclopedista y con fuerte crítica social en Francia,  y más racionalista y vinculada a la monarquía absoluta en Alemania.

La Ilustración se va a basar fundamentalmente en el uso de la razón humana como motor de la historia y del progreso humano. En nombre de la razón se va a fomentar una fuerte crítica contra el orden establecido, y todo ello acompañado de una definitiva consolidación de la ciencia como conocimiento supremo y objetivo (física de Newton, modelo a seguir para Kant), y de la técnica, para poner la naturaleza al servicio del ser humano. La filosofía de esta época va a tener una orientación claramente divulgativa, crítica y con un fondo empirista. Precisamente por este carácter, su geografía va a ser esclarecedora: Inglaterra será su primer centro eclosionador (John Locke, fundador del empirismo y de la tradición liberal basado en el contractualismo) y Francia su principal divulgador internacional (Voltaire, Diderot, D´Alembert, Rousseau, Montesquieu…). El resto de los países se convertirán en seguidores de estos autores franceses.

La filosofía de corte más teórico (la teoría del conocimiento) sin embargo, se mantiene un poco ajena a este desarrollo: el siglo XVIII es el triunfo del empirismo más radical con Hume, que conduce la teoría del conocimiento hacia posturas escépticas. Pero parece que en el momento de Kant existe un completo estancamiento entre las dos posiciones enfrentadas: racionalistas, defensores de la independencia total de la razón, y empiristas, propugnadores del conocimiento basado en la experiencia empírica.

El gran acierto de Kant será precisamente concluir este debate filosófico sobre el conocimiento humano, así como una nueva fundamentación de la ética, al mismo tiempo que incluye toda esta construcción filosófica en el proyecto más amplio de la Ilustración: someter toda autoridad y conocimiento heredado al Tribunal crítico de la Razón, cosa que conseguirá con sus obras más importantes, La Crítica de la Razón Pura, crítica de la Razón Práctica y Crítica del Juicio, y que defiende precisamente en el pequeño texto de ¿qué es la Ilustración?  

 

 MARX (1816-1883)

Que un texto como el Manifiesto Comunista aparezca en 1848, no es, ni de lejos, una mera casualidad histórica. El texto tan solo se explica por unas circunstancias en la historia europea peculiares y únicas: la revolución de 1848. No es tampoco casual que el carácter panfletario del texto esté marcado por una razón de movilización social: nos encontramos con un texto que no está dedicado meramente a los intelectuales, sino que pretende llegar a un sector más amplio de la población. Haciendo una división previa, podemos establecer lo siguiente:

  1. En un ámbito histórico y general, la escritura de este escrito está marcado por un ambiente auténticamente revolucionario que se extiende por todo el occidente europeo: la última de las grandes revoluciones liberales, y su radicalización: el inicio de las revoluciones sociales a través de los movimientos del socialismo y el anarquismo. Industrialización y revoluciones socialistas serán las palabras claves para esta nueva coyuntura.
  2. En un terreno filosófico, el texto (y la obra de Marx) recoge buena parte de las teorías filósoficas y sociales del momento. En el ambiente alemán, la impronta de Hegel y la Izquierda Hegeliana está en auge. En Francia triunfan las visiones utópicas del socialismo, mientras que en Inglaterra se ponen las sólidas bases de la ciencia económica. Todas este pensamiento actuará de caldo de cultivo para el pensamiento marxista.

 

Retomando el acercamiento histórico, la situación política y económica de Europa en la primera mitad de siglo (y especialmente 1848) es sumamente complicada. Tendríamos que hablar de dos fenómenos fundamentales: el estallido de las Revoluciones liberales en sucesivas fases, y la lenta pero continua expansión de la Revolución Industrial desde Inglaterra hacia el continente –Francia, Bélgica y después Alemania-.

Las Revoluciones liberales del siglo XIX son una continuación y paulatina radicalización de las Revoluciones de finales del XVIII, la americana (1776) y francesa (1789). Sin embargo, en 1848 y en una fuerte crisis económica y financiera, estalla otra oleada revolucionaria, mucho más virulenta y que ya no pide solo unos derechos políticos (democráticos y no liberales) sino especialmente una transformación social y económica. El socialismo entra en escena en Europa y no lo va a dejar por más de un siglo.

Para entender la radicalización de las posturas en 1848, hay que evaluar la otra gran variable histórica del momento: los cambios socioeconómicos que está produciendo la Revolución Industrial. Esta revolución parte de los efectos de unos avances técnicos (la máquina de vapor) sobre el modo de producción capitalista europeo. La irrupción de la máquina hace producir más mercancias en menos tiempo y de forma más barata. Así el artesano y el mercader son sustituidos por el proletario y el capitalista industrial. El proletario cuenta solo con su trabajo, el burgués industrial es el dueño de los medios de producción y la mercancia a través de un capital. De esta nueva situación surgen dos cosas: por un lado, la economía deja de ser agraria y pasa a ser industrial, el campesino y el artesano son sustituidos muy lentamente por el proletario, que no cuenta con ningún derecho social y es explotado. Por otro, el capitalismo tiende a expandirse: desde Inglaterra hay que colocar los productos en nuevos mercados, porque producimos mucho y como somos más baratos y competitivos que aquellos países no industrializados  podemos arrasar con su producción nacional. Estas dos realidades históricas van a ser fundamentales a la hora de entender el texto.

                              NIETZSCHE (1844-1900)

Comenzando por un planteamiento histórico-cultural más general, nos encontramos con que en la segunda mitad de siglo XIX) la burguesía se ha consolidado en el poder y mantiene el control sobre la sociedad, en un nuevo consenso con los anteriores sectores ricos de la sociedad (la aristocracia). Es la época del colonialismo y la segunda revolución industrial: Europa continúa su expansión sobre el mundo, exportando los valores occidentales y la economía capitalista en la forma de metrópolis y colonias. Al mismo tiempo, la sociedad comienza a sentir los efectos de la revolución industrial y del transporte: el desarrollo tecnológico de un lado (el progreso), pero también las desigualdades sociales y la radicalización de la clase obrera comienzan a sentirse en esa segunda mitad de siglo.

Después del fracaso de la revolución de 1848, y de las últimas expectativas revolucionarias con el fracaso de la Comuna de París (1871), los estados europeos iniciarán una oleada represiva sobre todo aquello que salga de los límites de la sociedad liberal del XIX, todavía altamente elitista y aristocrática. La alianza de poderes entre la burguesía triunfante y las fuerzas tradicionales, para mantener el status quo (el orden establecido de las cosas) generará una sociedad conservadora y represiva, la sociedad victoriana, en la que prima la apariencia y el mantener hasta el extremo las convenciones sociales. Las sociedades del momento están muy lejos de ser avanzadas y a pesar de lo que ha supuesto la Ilustración o los cambios revolucionarios, los valores tradicionales mantienen buena parte de su empuje pasado. El sindicalismo revolucionario, el feminismo sufragista o el arte rupturista serán perseguidos o vistos con recelo.

Las contradicciones de esa sociedad se reflejan en todo el sustrato cultural del último tercio del siglo XIX, del que Nietzsche es tan solo su espolón filosófico. Pero pensemos que lo mismo que propone Nietzsche para la filosofía, lo hacen los simbolistas franceses en la poesía (Baudelaire, Rimbaud, Verlaine), el esteticismo dandista (Oscar Wilde), y directamente influidos por Nietzsche, encontramos en España a Pío Baroja (y la primacía de la acción sobre la razón en su obra literaria) o Unamuno, sin olvidar que las primeras vanguardias artísticas (el impresionismo) dan sus primeros pasos. Muchos de estos autores sufrirán la incomprensión de esta sociedad tan represora e incluso la cárcel.

En el ámbito filosófico, Nietzsche convive con el apogeo del positivismo como ideología dominante, pero también con las primeras críticas radicales de la filosofía y la ciencia como saberes absolutos. Kierkegaard y Schopenhauer son los dos primeros autores que cuestionan los cimientos de la filosofía hegeliana (y por tanto de la marxista), en el que se niega un orden racional que atraviese toda las manifestaciones de lo real. Schopenhauer, especialmente, va a tener una influencia principal en las primeras etapas del pensamiento de Nietzsche.

No hay que olvidar que existe, especialmente al final del siglo, una tendencia pesimista en el ámbito de todas las ciencias. El aura de “progreso” de otras ciencias comienza a tambalearse y dejarse llevar por principios de irracionalidad: en psicología, Freud descubre el instinto sexual en el comportamiento humano y la importancia del inconsciente; en la biología, Darwin y la teoría de la evolución triunfan, mientras que Spencer aplica a la sociedad los principios de la selección natural e inaugura el socialdarwinismo (la supervivencia del más fuerte en la selección natural). En el paso al siglo XX, a la muerte de Nietzsche, comienza a elevarse en definitiva un ambiente de decadencia imparable y de fuerzas inevitables suprahumanas e irracionales (en lo económico, lo social, lo racial etc…), que finalmente van a desembocar en la catastrofe de la I Guerra Mundial (1914-1918).

 

 

Ángel Muñoz Álvarez
Introducción para la pregunta 1 B (Os paso dos modelos para introducir la pregunta) Las ideas de este filósofo no se formularon sobre la nada, sino que obedecen a un contexto ...
0 Comentarios

Deja un comentario

Your email address will not be published.