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TEMA 3: PLATÓN (HISTORIA DE LA FILOSOFÍA, 2º BACH.)

  1. Vida. (para estudiar, empieza en el apartado 2)

Platón nació en Atenas en el 427 y acabó siendo el más genial de los discípulos de Sócrates. Precisamente por el trato que Atenas dio a su maestro, obligándolo al suicidio, Platón quedó completamente desengañado de las prácticas de la democracia ateniense. Este filósofo se plantea el problema que suscita en todas las democracias el hecho que la razón de la mayoría (el número de votos) a veces no es precisamente la razón justa o verdadera. De esta forma, convencido ya no sólo de la existencia de una verdad (desde la búsqueda socrática) sino de la importancia de esa verdad para la construcción de una sociedad justa, dedicará buena parte de su esfuerzo intelectual a teorizar y llevar a la práctica sus modelos de política ideal. Así, hizo dos viajes a Siracusa, en Sicilia –Italia- para intentar convencer a los gobernantes de esa ciudad -Dionisio I y Dionisio II- sobre la bondad de sus teorías. En ambas circunstancias fracasó estrepitosamente: a estos no parecieron entusiasmarle demasiado sus ideas después de un tiempo y casi le premian con trabajos forzados en las minas, por buen chico y tío listillo. Entre los dos viajes (el segundo lo hizo Platón con ya sesenta años) fundó en su ciudad natal la Academia, donde se prestaba especial atención, aparte de la filosofía, a las matemáticas y la astronomía, de acuerdo con un plan de educación progresiva. Murió en el 347 a.C. en Atenas.

1. 2. Obras

  Hasta ahora, el principal problema con el que nos hemos encontrado a la hora de interpretar a los autores antiguos era la imposibilidad de conocer el pensamiento de estos por el carácter fragmentario de sus obras, perdidas en su mayor parte.

  Todos los autores vistos escribieron mucho más de lo que de ellos nos ha llegado. No es este el caso de Platón. De él conservamos absolutamente todo lo que escribió. No hay una sola obra de Platón a la que él mismo en otras haga referencia y no haya venido a parar hasta nuestras manos.  

  Respecto de la conservación de su obra, cabe también añadir que de Platón, a diferencia de Aristóteles, no nos han llegado sus apuntes de clase. Ante el enorme cuerpo platónico, se nos plantea también el problema de la ordenación cronológica de sus obras. A este problema, nunca del todo bien resuelto, suele responderse del siguiente modo: o bien por el contenido [las obras socráticas son las primeras) o bien por alusiones internas  (si en un libro Platón cita otro libro suyo, queda claro cuál es el primero).

  Todas las obras de Platón tienen, además, una característica común; todas fueron escritas en forma de diálogo, de ahí que prácticamente sea  lo mismo hablar de las obras de Platón que hablar de sus diálogos.

  ¿Por qué eligió Platón este género literario para componer sus obras? Al parecer, la razón que llevó a Platón a escribir bajo la forma de diálogo no es otra que la misma razón que llevó a Sócrates a no escribir nada: ambos autores estaban de acuerdo en que la auténtica filosofía se hace dialogando.

  En este diálogo, uno de los personajes fijos es Sócrates y es normal que así sea. En principio, las doctrinas que Platón defiende son prácticamente socráticas, aunque poco a poco, el personaje de Sócrates se convierte en un mero soporte en cuya boca Platón pone las palabras que expresan sus propias ideas. El problema a este respecto es el siguiente: ¿hasta qué punto su personaje Sócrates defiende posturas socráticas o platónicas? Esto es difícil de precisar. Como hemos dicho anteriormente, las primeras obras serían las más próximas al pensamiento de su maestro, mientras que a medida que avanza la vida del autor, también va afianzándose su propio pensamiento.

 Períodos.
1. Socrático o escritos de juventud. La Apología de Sócrates es el más importante
2. De transición: en esta época Platón asimila la muerte de su maestro y se dedica a criticar duramente a los sofistas. Ponemos punto y final a esta etapa con la fundación de la Academia.
  1. Diálogos de madurez: estos diálogos desarrollan ya de un modo mas o menos claro, mas o menos directo, lo que va a ser la teoría de las ideas.
  • El Banquete (sobre la belleza)
  • La Republica (sobre el estado ideal)
  • El Fedón (sobre la inmortalidad del alma y el concepto de idea)
  • El Fedro (sobre el amor y la belleza)
  1. 4. Obras de vejez: en esta época, Platón, cansado ya y sintiendo más próxima la muerte, no se lanza a investigaciones amplias y sistemáticas, sino que por el contrario estudia aspectos concretos en un intento de perfilar los puntos oscuros de su doctrina, o incluso de corregirla; de ahí que este periodo sea considerado por todos como un autentico periodo autocrítico. Durante estos años de su vida, las obras de Platón ya habían llegado a un gran público y este público las criticó por estar en desacuerdo muchas veces.

Platón no podía hacer oídos sordos a las críticas, y ya fuese para corregir su pensamiento, ya fuese para aclararlo, escogió estos últimos años de su vida para revisar el conjunto de su obra. Obras clave de este conjunto son El Político, Parménides y  Teeteto

 En esta ultima obra, Platón trata el tema de la ciencia desde un punto de vista negativo, es decir, Platón estudia aquí lo que no es ciencia, así llega a rechazar como fiable o científico el conocimiento que alcanzamos a través de los sentidos. El Político es una retractación de las posiciones políticas más extremistas.

 

1.3. Influencias recibidas por Platón

            Sócrates: Hay mucho en Platón, pero es fundamental la afirmación de que la “ciencia”  (el conocimiento verdadero) se sitúa en el plano conceptual (en forma de definiciones) y no en el plano de los sentidos; luego hay un claro dualismo que distingue  un mundo de las ideas (abstracto, sometido a teoría), frente a un mundo sensible.

 Parménides y Heráclito: Observamos una influencia en la radical contraposición entre el mundo sensible y el mundo inteligible. El mundo sensible sería captado por los sentidos y este conocimiento no podría ofrecer más que opinión. En cambio, el mundo inteligible (real) es el que conocemos a través de la ciencia o de la razón. Su conocimiento produce la verdad.

            Pitágoras: De los pitagóricos toma Platón el concepto de alma, y la preexistencia de la misma y en consecuencia lógica (por lo mismo, también habrá cuerpo) toma de los pitagóricos la concepción dualista del hombre y la reencarnación o metempsicosis. También de los pitagóricos va a tomar Platón la importancia de las matemáticas en el conocimiento humano y varias de sus ideas políticas (el gobierno aristocrático, la comunidad de bienes, igualdad de sexos…)

Anaxágoras: También parece que Platón retoma en cierto modo aquella idea escasamente aprovechada de la mente de Anaxágoras (el “nous” como inteligencia ordenadora del universo).

 

1.4. Núcleo de su pensamiento (en orden a leer el libro VII de la República)

El núcleo de la filosofía platónica es la teoría de las ideas,  cosa que no ha de extrañarnos si tenemos presente  que las ideas son para él la realidad y Platón ocupa, junto con Aristóteles, la cumbre del periodo ontológico, donde la preocupación sobre el ser o lo real es central. Sin embargo, no debe esto llevarnos a pensar que es este el único tema que aborda su filosofía. Platón se ocupará también del conocimiento, acerca de la conducta privada y pública, acerca del gobierno, etc.… y todo ello dentro de un sistema coherente de pensamiento donde todo esta relacionado estrechamente con todo. Pero vayamos por partes.

Vamos a dividir el tema de Platón en cuatro apartados fundamentales: el primero estriba en la ontología (lo que existe, lo que es la realidad), la teoría del conocimiento (cómo conocemos la realidad) y la teoría ético-política (las obligaciones que tenemos con respecto a los demás, dependiendo de lo que sabemos, su teoría de la justicia).

 

  1. 2. Ontología platónica: qué es la realidad.

Veamos qué es lo que existe en Platón, para poder luego, con ese material, reflexionar sobre el resto de su pensamiento. La cuestión sobre qué es la realidad había quedado en un estancamiento absoluto después de Heráclito y Parménides. Ambos autores parecían defender dos tesis imposibles de conjugar: por un lado Heráclito exaltaba el mundo sensible y su flujo siempre cambiante: “todo fluye”.  Por otro, Parménides negaba ese mundo sensible, al que acusaba de ser una completa  falsedad de los sentidos, y remitía a ese ser único, inmutable y eterno. Platón pretende ser la primera síntesis a esa lucha excluyente. Para Platón, la realidad se desdobla: el mundo de lo inmutable y eterno y el mundo de los sentidos constituyen dos realidades separadas, aunque no iguales en importancia: la primera actúa de referencia para la segunda. Esta va a ser, ¡voto a bríos! la gran intuición platónica para intentar desfacer el entuerto de maese Heráclito y Parménides. 

Ejemplo: Imaginemos que existe la idea del “pupitre perfecto” (una mezcla perfecta de comodidad, limpieza, orden y algún dibujo artístico en la madera…). Los pupitres del Sr. Morales, Alba, Marina o el Sr. Monroy  imitan en sus rasgos esa idea de buen pupitre. Pero esa idea para Platón no es una representación mental: existe el pupitre perfecto de verdad. De hecho es el único auténticamente verdadero, porque los demás constituyen una imitación del primero.  Pero además ese “pupitre perfecto” va a tener unas características determinadas: va a ser eterno, inmutable, inmaterial. Mientras que nuestros pupitres serán en unos años pasto de la degeneración propia del mundo físico.       

 

2.1 El mundo de las ideas.

Para Platón, la auténtica realidad son las ideas, luego no hay que confundirla (según el uso actual del término) con conceptos mentales fruto del pensamiento humano. Las ideas existen en sí mismas y por sí mismas, no dependen de nadie que las piense o las conozca para existir. De hecho, son eternas (entendamos aquí este término como que existen desde siempre: no tienen origen en el tiempo ni final). Estas ideas son, además, inmateriales, de ahí que, no sujetas a la espacio-temporalidad propia de los seres materiales, sean inmutables.

Las ideas son únicas, es decir: sólo hay una idea de cada tipo (una idea de mesa, una idea de justicia, etc…). El conjunto de estas ideas constituye el llamado “Mundo de las Ideas”. Ahora bien, ¿se trata de un “allí”, de un auténtico “lugar” según vulgarmente lo entendemos? Esto resulta difícil de precisar, porque no se pasa de la noche a la mañana a concebir seres inmateriales en una cultura[1].

Una vez entendidas qué son las ideas, tenemos que explicar las relaciones existentes entre esos dos planos de la realidad, así como sus distintas formas de conocimiento. Esto fue lo que  Platón trató de explicar en su conocido símil de la línea:

 

2.2 El símil de la línea:

  Según Platón hemos de distinguir el plano del ser o de la realidad y el plano del conocimiento. Dentro del ámbito del ser hemos de distinguir los seres materiales de los seres inmateriales. Esta división implicará, a su vez, una distinción dentro del ámbito del conocimiento, pues no puede resultar el mismo conocimiento de conocer seres inmateriales a través de la razón que seres materiales a través de los sentidos. Así, Platón dirá que el conocimiento de los seres materiales sólo nos permite obtener  doxa (opinión), mientras que el conocimiento de los seres inmateriales nos permite alcanzar episteme (ciencia, es decir, conocimiento riguroso).

 

  1. a) doxa: imaginación y creencia.

Pero aún hay que hacer más distinciones, pues, como ya hemos visto, no todos los seres físicos son de la misma manera, ni en el mismo grado (mientras que unos son copias físicas de las ideas, otros son sólo reproducciones físicas de seres físicos). A los primeros los llama Platón seres físicos; a los segundos, iconos o imágenes. Una manzana física permite una mayor aproximación cognoscitiva a la idea de manzana que una imagen o icono (manzana pintada en un bodegón, por ejemplo), ya que hay datos que en la imagen o icono no aparecen de ninguna manera, como son el peso, la textura, el olor, el sabor, etc… Por eso, la opinión fundada sobre imágenes es de menos valía que la fundamentada a partir de la observación de seres físicos. Al conocimiento a través de imágenes se le llama eikasia o imaginación, al conocimiento obtenido a través de los seres físicos lo llamamos pistis o creencia.

 

  1. b) Episteme: dianoia (razón discursiva) y noesis.

Pero esta duplicidad de ser y de conocimiento que observamos referida al ámbito de lo sensible ocurre también dentro del ámbito inmaterial o inteligible, ya que, aun siendo igualmente inmateriales las ideas y los conceptos, no son sin embargo lo mismo, ya que las ideas son seres que existen por sí mismos, mientras que los conceptos son resultado del ejercicio de la razón. Las ideas pueden ser contempladas por la razón, mientras que los conceptos son fabricados por el discurrir humano. Por eso, el conocimiento que el hombre consigue a través de los conceptos recibe el nombre de dianoia o razón discursiva. Platón habla sobre todo de conceptos matemáticos, los más elevados[2] Sin embargo, el conocimiento máximo supone acceder de nuevo a la contemplación de las ideas. Este conocimiento de las ideas (sin que medie el ejercicio de la razón humana, su discurso), recibe el nombre de noesis o razón pura.

 

  Ahora bien, no basta sólo con acceder al mundo de las ideas, cognoscitivamente hablando, pues ya hemos dicho que no todas las ideas “valen” lo mismo. Recordemos que el mundo de las ideas está jerarquizado y que aunque todas las ideas  “son”, no todos los seres lo son en el mismo grado (resulta obvio que no es lo mismo conocer la idea de “mesa” que la idea de triángulo o que la idea de justicia). Pues bien, como en la cumbre del mundo de las ideas se halla la idea de Bien, conocer el Bien será el conocimiento máximo, la máxima sabiduría posible. Por tanto: el conocimiento teórico tiene como fin el conocimiento del Bien. ¿Por qué motivo? Porque sólo conociendo el bien el hombre podrá hacer el bien (recordemos aquí la influencia socrática del intelectualismo moral).

Podría así parecernos que el conocimiento está en Platón subordinado a la moral del individuo, pero esto no es del todo exacto, ya que a Platón (como veremos) no le interesa el individuo sino la sociedad, el Estado y su gobierno.

 

  En el esquema del símil (next page, please) podemos observar con claridad cómo a cada modo de ser le corresponde un modo de conocer. Podría parecer a primera vista que el proceso de aprendizaje expresado en el símil es un proceso de abajo arriba, es decir, un proceso en el que uno alcanza el conocimiento del mundo de las ideas a partir del conocimiento del mundo material en sí. Esto es sin embargo  falso, pues no hemos de olvidar que el primer momento del conocimiento no es el conocimiento del mundo material sensible, sino el de las ideas por parte del alma, tal y como veremos en la teoría de la reminiscencia.

 

3.-Epistemología o teoría del conocimiento

A lo largo de todos sus escritos, Platón propone diversas formas de acercarse a la realidad y conocerla. En sus obras maduras se recogen especialmente tres: la teoría de la reminiscencia, la definición y su teoría del amor. Vamos a incidir especialmente en la primera, partiendo previamente de un hecho, algo heredado en el pensamiento de Platón de los pitagóricos: el alma inmortal que se instala en nuestro cuerpo y que habita en un primer momento en el mundo de las ideas. 

 

3.1. Teoría de la reminiscencia (anamnesis)

  Si  conocer es, en sentido estricto, conocer las ideas, habremos de admitir que el hombre, en Platón, nace sabiendo, pues su alma contempló las ideas durante su estancia en el mundo de las Ideas. Si esto es así, ¿cómo es que parecen ignorantes los hombres cuando nacen, cómo es que el conocimiento parece resultar de un largo y duro proceso? Platón nos dirá que el alma, al caer del Mundo de las Ideas al mundo sensible, ha  olvidado cuanto contempló cuando anduvo entre las ideas. Pero, ¡cuidadín cuidadín!, esto no quiere decir que el hombre nazca ignorante, pues olvidar no es lo mismo que ignorar. Prueba que no es lo mismo una cosa que otra es lo siguiente: lo que se ignora no puede recordarse; lo que se ha olvidado, sí. De ahí que para Platón conocer (en el caso del hombre) sea recordar.

  A la teoría que sostiene que conocer es recordar se la conoce como Teoría de la reminiscencia. ¿En qué consiste exactamente? El alma, al caer del mundo de las ideas en este mundo sensible, ha olvidado lo conocido o contemplado, pero como este mundo material o sensible está hecho a imagen y semejanza del mundo de las Ideas, como es una reproducción o copia de este, el alma podrá (a través de los sentidos del cuerpo que le acercan los seres materiales) recordar los originales, los modelos de los cuales los seres sensibles son copias, es decir: podrá recordar las ideas.

  Claro que a tal fin (el de recordar) no todos los seres sensibles o materiales ayudarán de igual manera. Recordemos que hay seres materiales (los seres físicos) que son copia de las ideas y que otros (los iconos o reproducciones físicas de seres físicos) no son sino copias de copias de las ideas. Y es que, según qué seres, así será el tipo de conocimiento que estos nos proporcionan (siguiendo un poco los paralelismos del símil de la línea).  Por ejemplo: si afirmo que los seres reales son materiales, los sentidos jugarán un importante papel en el conocimiento; pero si afirmo que la realidad es inmaterial, perderán relevancia los sentidos y debemos atender a otras facultades, como el razonamiento matemático.

  Siguiendo todo lo anterior nos resultará fácil entender que el dibujo de una  manzana es la copia de la manzana física que es, a su vez, reproducción o copia de la idea manzana, que es la manzana real, la que realmente existe (las otras no existen como manzanas reales, sino como reproducción física o como reproducción plástica de la manzana física).

 

3.2. Otras formas de conocer: la dialéctica y el amor.    

En sus obras maduras –incluida la República– Platón también apela a otras formas de conocimiento posible para el hombre. La dialéctica es la más importante y mantiene en buena medida su influjo socrático: en esta ocasión, no iniciamos nuestro conocimiento a partir del mundo inteligible de las ideas, sino a partir del mundo sensible que nos circunda.

El hombre aprendería a través del diálogo y la sucesión de preguntas y respuestas, en un intento de definir los conceptos abstractos y las ideas. Poco a poco vamos descartando hipótesis y enriqueciendo otras, hasta alcanzar la definición precisa de lo que buscamos. Posteriormente, una vez llegado a la idea, se produciría el sentido contrario. La definición abstracta va impregnándose en los conceptos más concretos.

Otra forma de conocer complementaria con la dialéctica  es el eros o amor. El amor nos induce a buscar a través de las formas sensibles los ideales que subyacen a estos –la forma ideal de belleza, la forma ideal de verdad-. De aquí parte la idea del “amor platónico”. Decimos esa expresión cuando en nuestro primer amor buscamos la culminación de dichas ideas. Nuestro primer chico/a debe ser una forma perfecta, inmaculada, hasta el punto que no importa tanto la chica/o como el hecho que es nuestra primera relación y es maravillosa (es el sentimiento puro del “amor”). Las consecuencias de quien se queda en dicho amor platónico es que acaba perdiendo el contacto con la realidad y es incapaz de reconocer las imperfecciones. 

  1. El hombre, el mundo físico y el demiurgo.

El hombre se concibe como una dualidad radicalmente opuesta: cuerpo y alma unidos y que sin embargo representan a dos realidades distintas. Para Platón, it goes without saying, el alma constituye la parte más valiosa del hombre, ya que es como las ideas, un ser inmaterial, aunque el alma no sea una de esas ideas.

El alma no es una idea; ahora bien, en tanto que inmaterial, su “patria” es el mundo de las ideas y a este tiende. Por ese mundo deambula y, siendo inmateriales tanto el alma  como las ideas, puede aquella perfectamente contemplar estas (igual que nuestros ojos físicos pueden, de modo inmediato, contemplar los seres físicos). El alma, pues, conoce, de manera puramente contemplativa, las ideas. El conocimiento de estas ideas es la ciencia verdadera, pues las ideas son la auténtica realidad (y llamamos verdad al conocimiento que se ajusta a la realidad). Y como estas ideas son inmutables, el conocimiento verdadero es inmutable también; una vez alcanzado no requiere reajustes, claro está.

  Un buen día, el alma cae del mundo de las ideas al mundo sensible y queda atrapada (como en una prisión) en un cuerpo humano. De esta unión del cuerpo y del alma nace el hombre, no pudiendo hablarse de hombre antes de este momento. Ahora bien, el hecho de que el hombre sea un compuesto de alma y cuerpo no quiere, ni mucho menos, decir que hayamos de entender el alma como parte del hombre, pues el alma ha preexistido al hombre, ha sido sin él. Pero, claro, si el alma ha podido existir sin cuerpo, ¿por qué habría de dejar de existir con la muerte de este? Si el alma preexistió al cuerpo, podrá subsistir al cuerpo también. Y, si subsiste, ¿por qué no iba a poder encarnarse en otro cuerpo? Lógicamente, Platón aceptaba la doctrina de la trasmigración de las almas o la metempsicosis. Se nos hablará de un deambular del alma por el mundo de las ideas y de una caída de esta al mundo material o sensible.

¿Qué más cosas dice Platón sobre el alma o el hombre? Platón, dependiendo del tema que trate, nos hablará en un sentido u otro: el alma es principio de movimiento, como ya habían dicho sus predecesores, aunque Platón habla  más de alma como principio de vida. También es el alma el principio de toda actividad racional, que es entendida por Platón como el conjunto de actividades psíquicas superiores propias del hombre o diferencialmente humanas. Por último el alma también tiene su interpretación para la teoría política, y consta de tres partes (racional, concupiscible, irascible, como veremos posteriormente con el mito del carro alado). Volveremos más adelante sobre esto último.

  4.1. El Demiurgo y el mundo sensible.

Platón también propone una teoría para explicar el origen del mundo sensible, puesto que evidentemente este no habría podido surgir de la nada. Además, Platón también nos tiene qué explicar por qué ese mundo sensible es una copia del mundo de las ideas.

La materia existe desde siempre, al igual que las ideas. Aquí sigue Platón la estricta lógica parmenídea (no existe un origen para la materia, porque del no-ser no podemos llegar al ser). Sin embargo, eso no quiere decir que el mundo actual haya sido así desde siempre. La materia originaria no tendría forma (no estaría ordenada, no sería un cosmos o mundo propiamente hablando), por eso hablamos de una materia preexistente (preexistente al mundo material que conocemos, fruto de la información de la materia).

Para resolver esto, existe en la doctrina platónica un ser divino (una especie de Dios)  llamado demiurgo que tendría conocimiento del mundo de las ideas y que (en plan artesano) modelaría la materia preexistente, dando así lugar a la existencia del mundo sensible. El demiurgo trabaja la materia informe tomando como referente y modelo a las ideas. Como la palabra eidos (que nosotros transcribimos como idea) significa forma, podemos decir que el demiurgo “informa” la materia. Ese demiurgo en última instancia, es el “nous” ya propuesto por Anaxágoras.      

Pensemos que este demiurgo se aleja bastante de la idea del Dios cristiano, creador de todas las cosas, y sin embargo, es una visión más sencilla que ahorra algunos problemas que va a tener la teología cristiana. Platón, repetimos nuevamente, está fuertemente influido por Parménides y Anaxágoras en este punto.

El Dios alfarero.

Si queremos ilustrarlo con un ejemplo, la mejor imagen es la del alfarero (que es también como se conoce al demiurgo). En un principio, solo tenemos barro –esa materia informe, originaria-. Imaginemos que  el Sr. Sereno es aprendiz de alfarero y se pasa el día dale que te pego al torno y la masa de arcilla. Sereno tiene en mente una idea de vaso perfecta, y poco a poco va dando forma a esa masa para que vaya tomando la forma originaria de ese vaso. Tal vez al Sr. Sereno no se le da muy bien eso del barro, y el vaso resultante será una copia mala de la primera idea perfecta de vaso, pero al menos, la materia ya no será amorfa, sino que tiene una forma que nos orientará siempre hacia esa idea originaria. Pensemos que la imagen del alfarero ha sido repetida en muchas ocasiones en las religiones antiguas, incluida la Biblia (Yaveh modela al hombre con barro y le insufla vida). 

 

4.2. El mito de la caverna (Libro VII de La República)

  (Dibujo de la caverna)

  El mito de la caverna es considerado por la mayor parte de los críticos y de los historiadores de la filosofía como una ilustración para ayudar a comprender mejor la teoría de las ideas. Con esta imagen Platón está construyendo quizás la más grande metáfora que se haya hecho nunca sobre el conocimiento humano (y lo que ello implica, el compromiso con la verdad y abandonar las seguridades aparentes) y modelo de referencia para multitud de productos culturales posteriores, religiosos y artísticos.

  Habla Platón de una caverna en la que en cierto modo se reproduce cuanto hay fuera de ella siendo ese fuera el mundo de lo real que Platón identificaba con el mundo de lo inteligible y más concretamente con el mundo de las ideas. En el interior de la caverna se hallan los hombres atados a un tabique levantado hasta media altura de la cueva y mirando hacia el fondo de la misma.

  Al otro lado del tabique, hay una especie de camino por donde una serie de sujetos pasean objetos a ras del tabique levantado, de tal forma que, visto desde el otro lado, aquello puede parecer una función de guiñol; sin embargo, el espectáculo que los hombres están viendo (encadenados en su ignorancia), no puede ser otra cosa que el fondo de la cueva, porque sus cadenas limitan su amplitud de miras. Es más propiamente una proyección de sombras chinescas, por decirlo de algún modo.

La luz de la hoguera y la media altura del tabique convierten el fondo de la cueva en algo así como una pantalla donde los objetos transportados al otro lado del tabique quedan resumidos en sus sombras, pero esas sombras sólo puede ser comprendidas como tales, es decir, como lo que verdaderamente son, si uno conoce el objeto  y la luz que las proyecta.

Ignorantes de todo esto, los hombres tomaron las sombras como auténticas realidades, dado que todos han estado encadenados desde siempre del mismo modo, ninguno de ellos dudará por la coincidencia de sus juicios de que ciertamente su visión es la visión de la realidad, y sin embargo  esta no es más que una ilusión ( ilusión =  falsa percepción de la realidad).

Esta ilusión no sólo afecta a la dimensión visual del hombre, sino a todos los sentidos, por eso Platón niega que los sentidos puedan ofrecer conocimiento verdadero; así, por ejemplo, que esos sujetos que pasean los objetos al otro lado del tabique puedan hablar, produciendo para los encadenados la ilusión de que las sombras son las que realmente hablan, que el eco de las voces en el fondo de la caverna les llevará a creer que las sombras tienen voz. Atados todos a la misma ignorancia, nunca podrán poner en duda el falso conocimiento que por general acuerdo toman como verdadero.

Un buen día, un hombre liberado de sus cadenas logra ver lo que hay al otro lado del tabique y comienza a comprender que lo que tomaba por real no es más que una proyección de la realidad más auténtica. En este momento, el hombre no sólo ve, sino que comienza a comprender qué es lo que está viendo.

     Sin embargo, una vez puesto en duda el falso conocimiento primero, será difícil que la inquietud del hombre halle freno con este nuevo descubrimiento. La duda generada le hará buscar todavía más allá; es así como el hombre liberado irá más lejos de lo que ve y logrará salir de la caverna. Fuera de ella se encuentran los objetos verdaderos, el más importante de los cuales es el Sol (metáfora de la idea del bien); sin embargo, acostumbrados los ojos a la penumbra de la cueva, la primera visión del mundo exterior o real puede provocar una cierta ceguera, por eso, el aprendizaje de ese mundo debe hacerse de un modo progresivo, siguiendo paso por paso este método:

  • Por ejemplo, mirar primero las sombras auténticas que los objetos auténticos provocan a ser iluminados por la luz auténtica del Sol.
  • Levantar luego la mirada para ver la cara sombría del objeto iluminado, luego mirar la cara iluminada del objeto, para finalmente ir levantando poco a poco la mirada por el cielo hasta alcanzar por fin la visión del Sol que es la auténtica fuente de todo conocimiento, la razón de todo (Platón pone también el ejemplo del reflejo en el agua).

    Al terminar este proceso encontramos en Platón al hombre sabio, pero no olvidemos que para Platón lo importante no es el individuo, sino el Estado, por eso Platón afirma que el auténtico sabio (al menos el que él busca) no puede quedarse encerrado en su mundo de los libros, sino que debe regresar al interior de la caverna para intentar rescatar de las cadenas de la ignorancia a los que aún están en la penumbra; y ese es un deber moral que el sabio tiene para con el pueblo, y que debe incluso realizarse a pesar de la incomprensión de aquellos mismos a los que se quiere ayudar. El sabio, casi una isla en medio de ellos, y en desacuerdo con la mayoría, podrá ser tomado como tonto o loco, pero se siente en la obligación de servir a la comunidad, por encima incluso de su felicidad o su propia vida.

 

  1. TEORÍA POLÍTICA

5.1.El paso de la ontología a la ética y la política.

Una vez que alcanzamos el reconocimiento de las ideas a través del conocimiento del mundo material, hemos de recordar que dentro del mundo de las ideas hay una jerarquía ya que no todas las ideas tienen un mismo valor. De esta manera para la vida del hombre de la polis o ciudad estado griega, no resulta igual de importante el conocimiento de la idea de triángulo que el conocimiento de la idea de justicia y el buen gobierno. Lo que ocurre es que para llegar al conocimiento de determinadas ideas es necesario comenzar por otras mas sencillas: así, por ejemplo, nos resulta mucho mas fácil conocer la idea de triángulo que conocer la idea de justicia.

 

En la cumbre de esta jerarquía de las ideas Platón sitúa la idea del Bien, por lo que podemos decir que la finalidad de todo el proceso de aprendizaje no es otra que la idea del conocimiento de la idea del Bien y es que, en un primer momento, Platón es socrático, puesto que considera que los buenos ciudadanos tan solo pueden ser buenos en cuanto que son poseedores de una sabiduría moral. Sin embargo, Platón no considera como Sócrates, que solo con conocer el bien estemos forzados a hacerlo. Esto solo funcionará en aquellos individuos dominados por un alma racional e intelectual. En el resto de los hombres, habrá que obligarles a hacer el bien.

 

Así que Platón reorienta la paideia o educación de los sofistas y de Sócrates: lo que realmente le interesa es formular cuál es el gobierno justo y en consecuencia formar aquellos individuos capacitados que aspiren a ser sus gobernantes. Solo con una buena formación, serán capaces de gobernar justamente sobre los demás. Con lo cual en resumen podríamos decir que la preocupación ultima de Platón es una preocupación política, es decir, la sabiduría al servicio de la ética y la ética al servicio de la política.

5.2. Las tres ideas básicas: organicismo, paternalismo y autoritarismo.

¿Cuál va a a ser la concepción platónica del estado y de la política? Platón va a partir de una premisa: la democracia ha provocado el fracaso de Atenas y la aparición de guerras civiles entre distintos grupos que buscan el poder. Por otro lado, esa democracia también ha condenado a  muerte de Sócrates, es decir, la democracia representa el triunfo del relativismo y las mentiras sofísticas sobre la búsqueda de la verdad y de la virtud encarnado por su maestro.

Por consiguiente, Platón va a defender desde el principio un gobierno aristocrático, en el que entendemos por aristocracia como el gobierno de los mejores (aristos, en griego), es decir los más sabios y mejor formados.  Esta aristocracia, que va a seguir en muchos aspectos a Esparta, se caracterizará por:

a) Una visión organicista de la sociedad (la comunidad por encima del individuo)

Platón va a estar interesado en una teoría política que no preste importancia a los derechos de los individuos, sino a los de la comunidad entera. Se preocupará por el funcionamiento global de la polis, y no por la felicidad de los individuos. Esta visión, compartida durante siglos por otros autores, es conocida como organicismo -es decir, cuenta más el órgano que las partes que lo componen-, y permite sacrificar a los individuos en aras del bien común (como ocurre en las dictaduras: el fin justifica los medios). Esto, lejos de ser anormal, era la visión común en Grecia y la Edad antigua. Se consideraban los intereses individuales como destructores del bien común y estos debían controlarse por el estado.

b) El paternalismo aristocrático.

Conocer lo que es conveniente para la sociedad, por encima de los intereses de los individuos, implica que existe una idea de lo bueno y de lo justo para la sociedad: esto para Platón pasa por conocer el mundo de las ideas y reconocer la idea de justicia que está en su cima. Por desgracia, solo unos pocos podrán conocer adecuadamente esa idea de justicia y lo que hay que hacer con la ciudad. Por lo tanto, solo esos pocos tendrán derecho a gobernar sobre los demás, movidos por el deseo de justicia y benevolencia hacia la sociedad, incorruptibles, virtuosos y sabios.

c) Una visión autoritaria del poder.

Las dos ideas anteriores implican que necesariamente, si conocemos la verdad y el bien, y ponemos los intereses de la comunidad por encima de los individuos, tenemos todo el derecho para imponer nuestra visión de la justicia a todos aquellos que no crean o vayan en contra de ella. Por lo tanto, la visión política de Platón encierra un componente autoritario y dictatorial muy fuerte. El poder debe estar en manos de los sabios y de nadie más.

 

5.3. La justicia y la organización de la sociedad: el carro alado.

Una vez que conocemos las ideas básicas de la política platónica, ¿cuál será la concepción de la justicia en Platón? ¿Cómo organizará su polis ideal? Para Platón, justicia significa dar a cada cual lo que merece según su naturaleza, y dependiendo de su naturaleza, tendrá una función que cumplir en la polis.

Tendremos que analizar entonces la naturaleza de los hombres, su alma, y para ello Platón nos propone otro mito: el carro alado. Según Platón, el alma humana es como un carro alado atravesando el cielo con un auriga y dos caballos, que forman las partes del alma. El auriga conduce el carro y lo lleva donde le place. El caballo blanco es fogoso, pero a veces hay que detenerlo por su violencia. En cambio el caballo negro actúa con pereza y en ocasiones hay que forzarlo a avanzar.

Esta naturaleza tripartita del alma guarda un estrecho paralelismo con la descripción del mito del carro alado, interpretación del alma humana. Así habla de un alma racional cuya virtud es la prudencia y que tiene por función regir todas las actividades de los hombres. El alma racional es lo que nosotros identificamos con el Auriga.En segundo lugar, habla Platón de un alma irascible, que sitúa en el pecho y posee la virtud de la fortaleza. A esta alma le corresponde el caballo blanco. Finalmente, situada en el bajo vientre, se encuentra el alma concupiscible, cuya virtud es la templanza. Se corresponde con el caballo negro.

Un alma equilibrada será aquella en la que  exista armonía, en la que   cada parte cumpla virtuosamente la función que le corresponde. En cambio, el alma, cuando pierde el equilibrio, se degenera. Platón afirma que la parte del alma que debe gobernar todo lo demás es el alma racional.

Lo ideal sería un equilibrio perfecto entre las tres partes diferentes, sin embargo, no es eso lo que suele darse en el hombre. En cada individuo generalmente puede ocurrir que hay un tipo determinado de alma que predomina sobre los otros tipos. Esto podría suponer un cierto desequilibrio, pero hemos de recordar a este respecto que para Platón lo importante no es el individuo, sino el Estado, es decir: el hombre en tanto que ciudadano o en tanto que integrado en un grupo con el que se relaciona.

Así lo importante es lo siguiente: lo que podría ser un defecto en el individuo, puede compensarse en el conjunto de la sociedad, encargando a cada cual aquella tarea que le sea más propia según el tipo de alma que en ese sujeto predomine. De esta forma, Platón dividirá su sociedad en tres grupos: sabios gobernantes, guardianes y trabajadores o productores.

a) Los sabios gobernantes.

Los individuos en los cuales predomina el alma racional (el auriga que lleva el carro alado) ejercerán las funciones de gobierno, es decir, son los individuos que componen el grupo o clase de los gobernantes. Ellos son los que controlan políticamente la polis, son educados para ello durante muchos años y reciben una sólida formación de matemáticas, filosofía y política.

b) Los guardianes.

Los individuos en los que predomina el alma irascible formarán la clase llamada “de los guardianes” (el caballo blanco del carro alado). Su principal virtud consistirá en la fortaleza y están dominados por el deseo de honores y reconocimiento.  A ellos corresponde la defensa militar de la polis platónica y el orden interno, y siempre están supeditados a los gobernantes filósofos.

c) Los trabajadores o productores.

Constituyen el grueso de la población, y son los que destinan su tiempo a actividades productivas, principalmente la agricultura, la producción de bienes y el comercio. En ellos predomina el alma concupiscible (El caballo negro del mito) y tienen como virtud la templanza. Estos reciben una educación centrada únicamente en su ocupación profesional, y por supuesto están a las órdenes de los anteriores y sin prácticamente derechos políticos, oh desgracia.

 

Guardianes y gobernantes constituyen las clases superiores para Platón. Son aquellas  que prestan mayores servicios a la comunidad, hasta el extremo de que no existe para ellas una propiedad privada propiamente dicha, para que su actuación no sea determinada por intereses propios o particulares. Esta  paradoja -el que está en el poder no se va a corromper ni va a tener necesidad de riquezas- se salva de forma algo ingenua cuando Platón afirma que el buen gobernante, en su contemplación de la verdad inmaterial (las ideas), no va a tener interés alguno en la posesión de las riquezas materiales, puesto que no las valora como el resto de los hombres.

Pensemos en lo contrario para la clase trabajadora. Frente a un cierto comunismo que se propone en las clases altas, es permitida a la clase trabajadora una cierta propiedad privada porque, siendo su alma predominante la que es (concupiscible, guiada por el placer sensible),  difícilmente harían nada si no obtuvieran beneficio personal.

A lo ya dicho habría que añadir dos cosas que convierten a Platón en adelantado a su tiempo. En primer lugar, Platón no establece una discriminación abierta de género. Hombres y mujeres gozan de igualdad de derechos. En segundo lugar, Platón tampoco considera estos grupos sociales como estamentos o castas cerradas. Es decir, cada individuo es juzgado conforme se educa de niño y es establecido en un grupo dependiendo de sus capacidades, y no tomando en consideración su linaje. Esto parece muy avanzado para su época, aunque conviene no olvidar que hablamos de una sociedad esclavista, donde una parte importante de la población ni siquiera es mencionada y no tiene derecho alguno.

 

En conclusión, el Estado ideal, equilibrado, justo, sería aquel en que cada tipo de ciudadano cumple la función que le es más propia y donde, por tanto, gobiernan siempre aquellos en los cuales predomina el alma racional.

5.4. Tipos de gobierno.

Como hemos visto ya, la consecuencia práctica de la teoría política platónica es necesariamente, un gobierno de carácter fuertemente autoritario y paternalista, en el que el poder sea ejercido por el mejor capacitado, y en el que los individuos ignorantes o irracionales tengan poca o ninguna responsabilidad política.

El modo ideal de gobierno para Platón es por tanto la monarquía o la aristocracia, es decir, el poder ejercido por uno o en manos de un grupo de los mejores o los aristoi, siguiendo, claro está, un criterio intelectual. Pero el problema parte del hecho que muchas veces nos encontramos gobernados no por los mejores de alma racional, sino por otros ávidos de poder y con alma concupiscible.  Por degeneración (en el que los mejores son desplazados del gobierno), encontraríamos de mejor a peor las siguientes formas de gobierno:

 

  • Timocracia, el poder es de carácter elitista. En ella, la clase militar se convierte en el gobernante y están guiados por el honor. El riesgo de este régimen político parte de un gusto desmedido por los honores y la riqueza que acaba desfigurando el bien de la polis. Platón sigue considerando sin embargo como “justo” este gobierno.
  • Oligarquía, un grupo de poderosos con poder económico, gobernará a los demás oprimiéndolos. Los principales riesgos de este sistema parten de la corrupción y la creciente desigualdad entre ricos y pobres.
  • Democracia, consistiría en que una masa inculta y sin preparación ejerciera las funciones de gobierno (o pudiera hacerlo). Los defectos se acumulan: a los anteriores, Platón añade la inestabilidad de las leyes en la democracia (cada partido crea las suyas propias y anula las anteriores), la incompetencia de los dirigentes (que no tienen que ser los más formados), la manipulación de las masas y la tendencia a la anarquía.
  • Tiranía, modo de gobierno según el cual una sola persona de un modo totalmente arbitrario gobierna despóticamente a todos los demás. Las leyes son arbitrarias y el poder se hace con el control de la violencia, ejerciéndola según sus intereses privados. Una vez que se llega a la tiranía, Platón sólo ve un modo de salida posible: derrocar al tirano.

Hemos hablado anteriormente de que lo mejor sería que cada clase cumpliese su función, pero esto no quiere decir que Platón esté  exponiendo una teoría propia de sociedades estamentales; de hecho, en un primer momento, todos los seres humanos parecen muy semejantes y es difícil detectar en ellos el alma predominante en cada uno. De ahí que Platón proponga un primer ciclo de enseñanza primera y obligatoria que sea común a todos (para Platón, todos significa tanto el hombre como la mujer) los ciudadanos. En ese proceso de aprendizaje se pondría de manifiesto el alma relevante presente en cada uno. Justo después de este reconocimiento, la educación se especializaría de cara a que cada uno desarrollase del modo más virtuoso posible su alma predominante, siendo así útiles a la comunidad.

 

6. Influencias posteriores.

La influencia de este pensamiento sobre la filosofía posterior ha sido enorme, hasta el punto que un intelectual dijo que “toda la historia de la filosofía no son más que notas a pie de página del pensamiento de Platón”. De alguna forma, toda la filosofía posterior estará a favor o en contra de Platón, en cuestiones como la posibilidad de alcanzar un conocimiento verdadero o no.

– Respecto al pensamiento directamente posterior en Grecia, ARISTÓTELES va a suponer una reacción radical contra la doble realidad que propone la teoría de las ideas platónicas. Como veremos en Aristóteles, no existen dos realidades paralelas: las ideas deben estar expresadas en el mundo sensible, y no son una mera copia o algo distinto al mundo conocido por esos sentidos. Aristóteles, en definitiva, va a proponer otra alternativa al problema de Heráclito y Parménides.

– El Cristianismo va a tener una influencia platónica directa al menos al principio, y por motivos totalmente opuestos a Aristóteles. SAN AGUSTÍN será el que proponga una revisión de la teoría de las ideas y la oriente claramente hacia la Revelación Cristiana.

– Mucho más adelante en el tiempo, DESCARTES va a seguir su dualismo antropológico y su división radical del cuerpo y el alma, aunque con matices nuevos adaptados a la filosofía del siglo XVII. También el RACIONALISMO y su teoría de las ideas innatas tiene –al menos en apariencia- una influencia platónica (el alma nace sabiendo algo).

– Con respecto al pensamiento de MARX (siglo XIX): Marx va a seguir, tal vez de forma un tanto inconsciente, el siguiente esquema platónico: tenemos una verdad absoluta para cambiar la realidad, y por tanto el papel del intelectual será no solo alcanzar el conocimiento verdadero, sino la transformación de la realidad social. La consecuencia de esto es que ambos autores van a proponer como fórmula política un GOBIERNO AUTORITARIO, ya sea el de la Polis platónica de la República o el sistema comunista propuesto por Marx para reemplazar el capitalismo. A esto se añade, además, una forma de entender la sociedad como comunidad y no como la unión de individuos. Es por esta razón que K.R. POPPER ve una relación directa entre Marx y Platón, aún cuando ambos sostengan unas teorías tan distintas. Pensemos que en esta materia LOCKE y el liberalismo se opondrán con fuerza a esta forma de entender la sociedad y el poder político.

 

[1] Recordemos que los griegos tienen mayoritariamente una concepción materialista de la realidad: tan solo se superarán definitivamente las últimas contradicciones una vez que el cristianismo y otras religiones orientales se extiendan por occidente cinco siglos después.

[2] Desde esta admiración pitagórica hacia las matemáticas hay que entender aquella advertencia suya escrita a la entrada de su Academia: “Nadie que no sea geómetra entre aquí”).

Ángel Muñoz Álvarez
Vida. (para estudiar, empieza en el apartado 2) Platón nació en Atenas en el 427 y acabó siendo el más genial de los discípulos de Sócrates. Precisamente por el ...
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